Por qué contratar un diseñador y no equivocarse en el camino…

16 03 2009

Una excelente sinopsis de lo que pasa entre PYMES y diseñadores escrita por Mark MacKay. Vale la pena leerla… y por que no reirse!

  1. Contratar a un diseñador sin experienciaLas empresas pequeñas generalmente requieren de presupuestos pequeños, así que para ahorrarse unos miles de pesos contratan a un diseñador ansioso por probarse con un proyecto profesional, que les cobre barato con tal de agregar algo a su portafolio. Pero creo que todos los diseñadores lo podemos admitir: nuestros primeros trabajos fueron desastrosos, técnica y diseñísticamente.

    No dudo que haya uno que otro diseñador sin experiencia que pueda sacar un proyecto excelente, pero el hecho es que—si tomas a un diseñador no-experimentado completamente al azar—es muy probable que no saque un proyecto satisfactorio sin la ayuda de un diseñador más senior. Si el empresario tiene buen ojo para el diseño (algo excepcionalmente raro, pero puede suceder) será capaz de identificar a un estudiante talentoso, en cuyo caso sí puede resultar un proyecto exitoso.

    Y antes de que los estudiantes entre mis lectores salten con cuchillo en mano: estoy hablando de principios de la carrera, o los primeros proyectos de diseño que hayas hecho. ¿Te contratarías a ti mismo, en tu versión virgen (diseñísticamente) para realizar un proyecto sin supervisión de otro diseñador más experimentado? Yo no lo haría.

  2. Tratar de aparentar algo que no sonUn vicio muy común entre los dueños/administradores es que usan el discurso para vender su empresa con el diseñador. Ejemplo: “Somos un empresa joven, multinacional, con operaciones en el D.F., Sao Paolo y Tokyo. Comercializamos artículos de lujo en todo el mundo”; donde joven significa “hace tres semanas se me ocurrió lo que voy a hacer” y donde multinacional signifca “tengo amigos en otros países que me podrían ayudar, pero no he platicado con ellos”.

    Es más o menos el equivalente a ir con un arquitecto y pedirle oficinas para 500 personas, cuando en realidad son tres. Una manera muy común de cobrar entre los diseñadores es según el tamaño del sapo es la pedrada. Lo cual significa que, entre más grande aparentes ser, más te van a cobrar. En lo personal no estoy muy de acuerdo con esta actitud, pero sí cobraría más por un cliente grande porque 1. Tienes que lidiar con más gente y 2. Los clientes grandes requieren de soluciones más complejas.

    Pongamos de ejemplo una identidad corporativa. Si hablas de una empresa multinacional el diseñador se estará imaginando tarjetas de presentación, papelería, anuncios y rótulos en distintas versiones y distintos idiomas. Y si es muy ingenuo, tal vez se esté imaginando hasta el jet privado rotulado.

    Lo mejor es simplemente ser sincero respecto al tamaño e importancia de tus operaciones. Los diseñadores más experimentados pueden oler estas exageraciones a kilómetros de distancia, pero lo mejor es ser francos para no indignarte cuando te llegue un cotización del tamaño de la empresa que dijiste que eras.

  3. Pedir la opinión de alguien irrelevante al proyectoPor alguna extraña razón, a veces confiamos más en las personas que conocemos personalmente que aquellos que tienen experiencia en el ramo. Muchos clientes llaman a su secretaria/pareja/persona irrelevante para ver qué opina acerca de alguna propuesta de diseño. Puede ser que el cliente perciba que la secretaria combina de manera excelente los colores de su ropa, o que su esposo tiene un gusto excelente para los muebles del hogar, pero no son gustos aplicables a un proyecto de diseño.

    Esto tiende a suceder más en las empresas pequeñas, porque frecuentemente solo hay dos personas involucradas (el cliente y el diseñador). El cliente no confía en su propio gusto, así que llama a alguien a quien tiene en alta estima (por alguna habilidad real o aparente) para que dé su opinión respecto al proyecto. No estoy en contra de meter a terceras personas, siempre y cuando la habilidad sea real y tenga alguna función dentro de la empresa. Me ha tocado que un cliente llevara a su esposa, y sugirió que cambiáramos la propuesta a rosa (siempre se meten con el color, y no era de sorprenderse que llevara un vestido rosa). Afortunadamente al cliente no le gustaba el rosa y me evité ese round.


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